
Recién llego de Jardín de Paz, para desearte desde lo más profundo de mi corazón y hacia la distancia más infinita, hacia quién sabe donde, un
feliz cumpleaños. Otro más que tendríamos que estar festejando juntas. Una vez más, en vez de estar a las doce soplando las velitas con vos, y dándote una carta, un regalo, un abrazo y el amor de toda una familia, me encuentro hablando para mi interior, en un cementerio, frente a lo más frío y triste que me enfrento cada vez que voy. Nada más lejos que un abrazo, nada mas lejos que una sonrisa. Todo es nostalgia, impotencia, tristeza. Daría lo que fuera en este mundo,
lo que sea, por tenerte al menos un día, al menos
este día. Mimarte y compartir con vos todo, como siempre hicimos. Reirnos, pasear, hablar. Y es duro caer en la realidad de que eso jamás va a volver a pasar, nunca más ver la sonrisa de esa persona que me amó con su vida, que luchó con todas sus fuerzas para quedarse en este mundo con nosotros al menos un tiempo más. Nunca más escuchar su voz, nunca más sus consejos, nunca más voy a vovler a ver esa mirada que me dejaba tan tranquila. El mundo se podía caer en pedazos, pero estaba mamá y yo me sentía segura. Podía pelearme con todas las personas que existen, pero volvía a casa y ahí estaba ella para escucharme y apoyarme siempre, en todo.
Tantas, TANTAS, cosas nos quedaron por vivir juntas. Ya se van a cumplir cuatro años sin vos, y todavía me queda toda una vida sin tu compañía. Desde que no estás siento un vacío, una soledad en mi interior difícil de explicar. Pero te fuiste, y una parte de mi se fue con vos.
Siempre vas a ser lo mejor que me pasó, mi recuerdo mas lindo, mi modelo a seguir.
Donde sea que estés, donde sea que tu alma se encuentre, sé que me acompañás, no me dejás caer, me fortaleces.
Y te deseo un
FELIZ CUMPLEAÑOS MAMÁ. Te amo con todo el amor que una persona puede tener y sentir. Siempre vas a ser lo mejor, y eso nunca va a cambiar.