
Cómo el mundial revoluciona todo. A la gente, a la rutina, a la televisión, y sólo por nombrar algo. De repente todos amamos a nuestro país, nos fanatisamos, somos todos futboleros. Ayer no pude ver el partido de Argentina-Grecia. Bah, vi por partes, en distintos lugares. Fui un rato para lo de una amiga, pero todavía estaba en el subte cuando el partido ya había empezado. Increíble. La hora pico y el subte vacío. Un placer! Llegué a lo de mi amiga, vimos el partido. Pero a los veinte del segundo tiempo me tuve que ir a la facultad a terminar un tp con unos compañeros. Otra vez el subte con una tranquilidad irreconocible. Un partido y el país se paraliza. Todos dejan sus responsabilidades (ojalá yo también hubiera podido hacerlo). Llego a la universidad y gracias que estaba el chico de seguridad! Paso por el pasillo y todos los de la oficina frente a la tele gritando ansiosos. Voy para la biblioteca y se escuchan los gritos, GOL! Gritos eufóricos que venían del microestadio donde lo estaban proyectando (lo que me perdí! prometo que nunca más le hago caso a una compañera que me haga hacer un trabajo mientras esta jugando la selección). Llego a las computadoras de la biblioteca y estaban todos frente a un televisor mirando los últimos minutos del partido. Claramente me quedé ahí para aunque sea ver los últimos momentos. En fin, a lo que iba es que es sorprendente cómo el país entero puede dejar de lado sus obligaciones y cómo el fútbol (hay que aceptarlo) es una pasión que atrapa a multitudes.
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