
El jueves fui nuevamente a una entrevista, en el lugar donde había ido hace dos meses. La productora audiovisual, de publicidades y videos. Me encanta. Me ofrecieron el puesto (felicidad!), pero no voy a poder hacerlo. El horario sería de 9 a 18, es decir, saldría de mi casa a las ocho de la mañana y llego a las once y media de la noche. No chance. Me tentó y mucho la idea. Pero en este momento prefiero priorizar la facultad, y sé que si empiezo con esto iría dejando muchas materias en el camino, y por ahora no es lo que quiero ni me conviene. Igual me dijo que de todas formas me iba a tener en cuenta para más adelante, asique quien sabe, quizás en un futuro pueda trabajar ahí. Ojalá.
Me llamó la atención, mientras yo estaba esperando abajo, lo que se escuchaba desde arriba (es una casa vieja, redecorada, ambientada de manera excelente, muy cálida y moderna a la vez). Era otro mundo. Su mundo. El de los que trabajan ahí. Se entienden entre ellos, van y vienen, comparten momentos, anécdotas, conocimientos. Eso quiero. Entran en ese mundo. Ya llegará.
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