
Ayer me estaba acordando cuando la semana pasada, en el colectivo, volviendo de la facultad, los chicos me dijeron que estaba en una situación muy contrastante: yo sentada en el medio de dos nenes (en realidad, una nena y un nene, hermanitos), pobres, humildes, de bajos recursos, como quieran llamarlos. Yo hablando por teléfono con una amiga, hablando de qué vamos a comer, si el sábado íbamos a ir a Pacha o a Caix, y cosas por el estilo. Mientras la nena dormía y el nene miraba por la ventanilla, atento a dónde tenía que bajarse. Ellos solitos, sin mamá, papá, sin nadie. Y yo no me había dado cuenta de esta situación contrastante hasta que me la mencionaron. Qué loco pensar que alrededor nuestro (literalmente, al lado nuestro), pasan este tipo de cosas a diario. Se cruzan realidades constantemente y uno siempre inmerso en su mundo no es capaz de ver lo que pasa alrededor.















