
Aprendí a relajarme, a tomarme las cosas con más calma. A hacer sólo las cosas que me hacen bien. Permitirme decir que no de vez en cuando. No hacer las cosas por compromiso, intentar evitar situaciones que no me interesan. Poder tomarme un fin de semana lejos de la ciudad, con mi familia, disfrutarlo, incluso sabiendo que debería estar estudiando para un exámen. Pero necesitaba de eso. Dar lugar a estos respiros. No pensar siempre en el futuro ni en el que dirán. Hacer las cosas que quiero. Si al fin de cuentas, al final del recorrido, lo que recordamos, lo que nos completa, son esos momentos de felicidad, de crecimiento personal.
Estoy feliz de haber podido cambiar mi forma de pensar y de ser. Pasar de ser una persona bastante estructurada, a una persona relajada, pudiendo disfrutar de las pequeñas cosas. De momentos cotidianos, como un almuerzo familiar, salir a caminar, una merienda con amigas o ir a cursar a la facultad con gente que quiero. Encontrar lo positivo de cada día.
Sonreir a pesar de los obstáculos.
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