No suelo acordarme de lo que sueño. Pero esta semana me acordé dos veces de lo que soñé. Y las dos veces fueron cosas parecidas. Horribles. El lunes había soñado que mataban a mi hermano (sí, así de trágicos mis sueños). Me desperté con una sensación muy fea, tanto que cuando lo ví lo abracé, mucho. Y anoche soñé con otras dos muertes. Y todo esto viene relacionado a que hoy, hace un rato, me enteré de que murió el papá de Ceci (con los que compartimos el verano). Y de una manera muy fuerte, chocante y triste. No voy a contar detalles morbosos, pero a lo que voy, es a esa sensación que tuve estos días, de que algo malo iba a pasar, una sensación fea, de inseguridad. Nosé si será casualidad, cuestiones de la energía o un presentimiento. Pero todo me cerró hace un rato cuando me enteré de ésto y me cayó la ficha.
Encima hoy, haciendo catarsis con mi profesora de pilates, ella me contaba justamente de un sueño que tuvo una vez, muy extraño, pero que se cumplió a los días, y también, con una muerte. Y ella me contaba que creía mucho en las energías, y en lo que transmitía la gente, presente, viva, en este mundo, o no. Y lo decía con tanta convicción y dulzura que hasta me hacía creer a mí.
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