
Nunca pensé que se iba a ir tan rápido. Siempre supe que el día que la pierda iba a ser horrible. Y así fue. Estoy hablando de mi mascota, de mi gata Delfi. Sé que para el que lea esto, y no tenga mascotas o no viva una conexión tan profunda con ellas, le parecerá estúpido. Pero para aquellos que hacemos a nuestras mascotas parte de la familia, perderlas es tan doloroso como perder a cualquier integrante. Y no exagero. Esa gata era especial. Dormía conmigo todas las noches, al lado mío, abrazadas. Me seguía siempre. Yo estaba en la compu, y ella sentada arriba mio. Yo subía las escaleras, y ella las subía corriendo a la par mio para no quedarse atrás. Yo me iba a dormir, y ella venía. Escuchaba las llaves, cuando alguien entraba a casa, y ya estaba lista del otro lado, esperando para darte la bienvenida. Era dósil, cariñosa, se dejaba acariciar por cualquiera. Todos los cumpleaños familiares en casa, mi primita la buscaba por toda la casa, le hacía upa, jugaba con ella. Y ella se dejaba, una santa, se dejaba como si fuera un peluche. Yo sentía que todo en mi vida podía andar mal, pero sabía que volvía a casa, y la tenía a ella, que me daba la alegría que necesito, ese sentimiento de compañia constante, de alguien que no te juzga, que te acompaña. Me acuerdo el día que la trajeron a casa, en el 2001, yo tenía diez años. Estaba feliz. Tengo patente una imagen, del día que mi mamá falleció, y Delfi estaba especial, rara, como si entendiera todo lo que pasaba y nos acompañara en el dolor. Asique, por mi parte, fue un fin de semana para nada bueno. con un imprevisto que jamás hubiera imaginado. En fin, c'est la vie.

No hay comentarios:
Publicar un comentario