domingo, 21 de marzo de 2010

Algo extraño, supongo

Recién llego. Estuvimos festejando los setenta y cinco años de mi abuela Nydia. En un salón, con mesas, comida rica, mucha familia, entre otras cosas. Estuvo todo divino, salvo que tuve la constante sensación de que en cualquier momento iba a aparecer mi abuelo. Nosé si es que pasó relativamente poco tiempo desde que falleció (todavía no se cumplió ni un año) y por eso aún no caigo. O es esa esperanza de que todavía sigue entre nosotros. Se notaba tanto su ausencia. Tanto tanto tanto. Sin embargo estoy feliz, porque la vi bien a mi abuela, disfrutó cada momento de su festejo. Ese festejo que organizó con tanto entusiasmo (lo cual me sorprendió, quizás cualquier otro en su lugar no hubiera tenido las fuerzas ni el ánimo para celebrar). Voy a optar por ver el vaso medio lleno, y agradecer por la noche que pasamos en familia, festejando los setenta y cinco años de vida de una grandiosa mujer, mi abuela.

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