
Ayer, mientras iba en el tren San Martín, camino a Devoto, el tren pasó pegado a la villa 31. Me llamo la atención, me sorprendio y creo que hasta me sacó una sonrisa ver que había casas de la villa decoradas por Navidad. No es que no lo puedan hacer, me encanta y me parece perfecto, pero yo me imagino en su lugar, de toda esa gente viviendo entre tanta miseria y pobreza, sin salida ni aspiraciones, sin ganas ni fuerza para festejar una fecha como Navidad. Creo que son estas cosas las que a uno le hacen reflexionar y pensar que siempre, hasta en las peores condiciones, hay un motivo para celebrar y festejar. Quizás suene soberbio o arrogante lo que digo, por que claro, por qué ellos no van a poder festejar la Navidad? Obvio que si, y me encanta que así sea, sólo me sorprende y admiro su fuerza de voluntad.
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